Las noches se me hacen largas, interminables, ya no puedo dormir pues en mi mente sólo aparecen pensamientos incoherentes. Mi espalda se ha convertido en un mapa, en donde hay palabras, rayas, siglas… Cada noche apunto la nueva palabra que he visto escrita en mi espalda; LCE, 22, Lago azul, silencioy SOS. ¿Quién esta haciéndome esto? Por eso acudà a usted señor Eduardo, porque necesito que alguien me escuche y me diga que no estoy loco, que no es producto de mi imaginación.
Ciertamente el señor Eduardo, el psicoanalista y experto en enigmas con el que habÃa quedado, y al que habÃa dado un bofetón nada más ver, estaba absorto con la historia que sus oÃdos estaban escuchando. No comprendÃa nada, pero sabÃa que los ojos de aquel hombre no le estaban mintiendo. Eduardo podÃa percibir el miedo que ese hombre tenia, como miraba a cada lado en el bar, y como agarraba la cerveza con fuerza, como si de un arma se tratará. Eduardo no sabÃa darle una respuesta a todo lo que le habÃa contado, ni tan siquiera podÃa dirigirse a él por su nombre, pues no querÃa que nadie pudiera saber que podrÃa estar volviéndose loco. Eduardo le dijo que el nunca se habÃa enfrentado a una historia de ese tipo, y que desconocÃa el procedimiento que debÃa seguir, que quizás no era la persona indicada para poder ayudarle. Quizás Eduardo también creÃa que era una pelÃcula que se habÃa formado en su cabeza, y que carecÃa de coherencia alguna, pero no le podÃa dejar, tenÃa que ayudarle, pensaba el hombre. Asà que lo amenazó con matarle si no le ayudaba, pues le habÃa revelado una situación que llevaba viviendo semanas, y de la cual no podÃa salir. Estaba en un pozo sin salida y ahogado hasta el mismÃsimo cuello. Eduardo cambio la expresión de su cara y pensó que serÃa capaz de matarlo, asà que con la voz entrecortada y temblándole el pulso accedió a ayudarle, avisándole de que él no era la persona indicada para ayudarle.
Fueron a casa del hombre, y allà le mostró su espalda, la cual estaba inundada de manchas cubriendo prácticamente la totalidad de la misma. Al verla, Eduardo no cabÃa en si del asombro, no entendÃa nada de lo que estaba viendo, y dudaba de que no fuera un tatuaje extraño que él mismo habÃa mandado tatuarse en su espalda. Realmente Eduardo creÃa que estaba hablando con un psicópata que podÃa llegar a matarle.
Eduardo se acerco a la espalda del hombre para poder ver de cerca esas manchas y poder leer lo que se hallaba escrito en su interior, y claramente se podÃan leer las palabras que en el bar le habÃa dicho aquel extraño hombre: LCE, 22, lago azul, silencio, SOS. Eduardo anotó todas esas palabras e intentó pensar en una posible relación entre las mismas, para poder entender lo que parecÃa ser un mensaje clave escrito por algo o alguien extraño; ¿de qué estaban hablando?, ¿qué sucedÃa?, ¿por qué en la espalda?… cuantos preguntas y ninguna respuesta. Al tocar Eduardo la espalda de aquel hombre percibió que las letras estaban en relieve, cosa extraña para un tatuaje, era como si esas letras se quisieran salir del cuerpo, era como si el propio cuerpo pidiera ayuda.
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[...] Porkeno lo ves - Las Marcas [...]
UsingBueno, a pesar de que todo se está volviendo un poco esotérico sigo enganchado. Pero como comiencen a aparecer espÃritus y almas torturadas me quito del relato, jajaja!!!!
UsingEstá muy bien.
No te preocupes, que no aparecen cosas de esas.
Usingel tal Eduardo despues d llevarse un ostion y d escuchar una historia d un supuesto psicopata… coje y se va a casa del susodicho a mirarle la espalda???
Usinga parte d psicologo es gay-masokista? d q se conocen estos 2? xq no kedaron en la consulta dl medico Eduardo? xq no es la primera reaccion dl medico preguntar x Lucia? donde esta esta chica ahora?