Durante todo el dÃa estuve como ausente, incluso tuve que pedirle a mi madre, en una de sus visitas, que se fuera de casa alegándole que necesitaba estar sólo, que no querÃa ver a nadie. Mi madre me miró y acercándose a mi, me acaricio la cara y me dió un beso en la mejilla. Se marchó con los ojos llenos de lágrimas, yo era consciente de que lo esta pasando mal, pero debÃa actuar asÃ, era lo que necesitaba, estar sólo. SabÃa que debÃa relajarme y que debÃa tener la suficiente sangre frÃa como para enfrentarme a ese hombre. No sabÃa quién era, pero después de todo lo que habÃa acontecido en estos largos meses, sabÃa que podÃa ser algo malo.
En el armario de mi habitación guardaba una pistola de coleccionista que mi abuelo me habÃa regalado, no funcionaba pero pensé que podrÃa ayudarme en el caso de que la situación se volviera tensa. Mi vida estaba en peligro y de algún modo debÃa defenderme, era un mecanismo de defensa y eso es un sentimiento innato en los seres humanos. No podÃa llegar a un sitio en donde podÃan matarme.
A las 18.30. horas ya intranquilo empecé a prepararme, me duche, me afeité me puse colonia y mi traje. En el cinturón del pantalón coloque la pistola lo más disimuladamente posible. Me tomé una pastilla para los nervios y después de una hora salà de mi casa. SabÃa que llegaba antes de la hora fijada, pero preferÃa analizar el terreno previamente. Me senté en un banco y esperé leyendo el periódico. Estaba muy nervioso pero querÃa aparentar que no era asÃ. Miraba a todos los lados, toda la gente que veÃan mis ojos me parecÃan sospechosos de esa llamada; fueran hombres, mujeres, niños o ancianos, todos para mà podÃan ser mis villanos. A las 20.00. horas apareció un hombre de mediana edad en el parque, moreno y con unos vaqueros. Miraba a ambos lados como si buscase a alguien, yo no me movà del banco, pues mis piernas se habÃan quedado inmóviles. Ese hombre comenzó a caminar hacia mi. Cuando estaba a mi altura me miro y me dijo ¿Eres Eduardo, verdad? de mi boca salió un leve si, que apenas se podÃa escuchar y entonces el hombre comenzó a relatar:
- Soy Leonar, el marido de Lucia. Ella ha desaparecido, no sabemos donde esta. No sabÃa a quien recurrir para hallar su paradero, pero mirando en su móvil he podido ver que la última llamada que tuvo fue de Isaac. Después de muchas indagaciones he sabido que esta en el hospital. Me acerqué al hospital y una señora muy agradable me dio tu teléfono para que pudiera ponerme en contacto contigo. Desde que Lucia a desaparecido mi vida no tiene sentido, esperábamos a nuestro primer hijo con toda la ilusión del mundo, pero ahora es como si me lo hubieran arrebatado todo. ¿Tú sabes dónde esta?, pienso que Isaac tiene mucho que ver en esta desaparición.
- ¿Qué estas insinuando? ¿Crees que Isaac la ha raptado?
- Si eso es lo que creo
- Estas loco si piensas eso. Isaac no tiene nada que ver
- Y tú ¿Qué tienes que ver en esto? ¿Has sido tú?
- ¿Me estás acusando de algo? ¿Tú crees que puedes venir aquà y acusarme de un suceso tan grave sin conocerme de nada?
- Te voy a matar, has sido tu, tú me la has arrebatada y vete tu a saber lo que le habrás podido hacer junto con tu amigo Isaac.
- Estas muy equivocado, yo no soy la persona que estas buscando
En ese preciso instante Leonar saca una pistola que llevaba guardada en su chaqueta y le mete un tiro a Eduardo, acabando con su vida en ese mismo instante.
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[...] Porkeno lo ves - El Parque de la Esquina [...]
UsingNooooooooooooooooooooo!!!!!Eduardo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
UsingPues quien seguirá ahora la historia?Supongo que el que lo ha matado. Yo cada dÃa estoy más liado…
[...] Abr 29, 2008 Porkeno lo ves - Leonar Leido 2 veces Publicado por porkeno Relato anterior: donde la muerte de Eduardo a manos de Leonar fue lo más imprevisible hasta [...]
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